Cocoon petit
Estas piezas escultóricas en gres nacen como un gesto de pausa y escucha. Cada forma rinde homenaje a la crisálida: ese estado suspendido en el que la materia parece inmóvil, pero donde ocurre la transformación más profunda.
El gres, sometido al fuego y al tiempo, atraviesa su propio umbral. Se contrae, se tensa, se endurece y se revela. Como la crisálida, contiene en su interior una promesa latente: la del cambio silencioso, orgánico e inevitable. Las superficies conservan huellas, pliegues y cicatrices que hablan de procesos internos, de la belleza que emerge de la vulnerabilidad y de lo no resuelto.
Estas esculturas no representan un antes ni un después, sino el instante intermedio: el tránsito. Son cuerpos en espera, envolturas protectoras que celebran la transformación como acto íntimo y radical. En ellas, la fragilidad y la resistencia coexisten, recordándonos que todo proceso de cambio requiere tiempo, oscuridad y cuidado.
La crisálida se convierte aquí en símbolo universal de renovación, de muerte y renacimiento, de identidad en mutación. Un homenaje a aquello que aún no es visible, pero ya está ocurriendo.


